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POSTURA
DE DON QUIJOTE ANTE LAS LESIONES EN GENERAL Y PROPIAS. SU LOCURA.
La locura de Don Quijote, su personalidad, carácter y tipología ha sido,
quizá, el tema más ampliamente tratado dentro de lo que podríamos llamar
medicina en el Quijote por especialistas o no, psicólogos, psiquiatras.
Pero quiero exponer que desde el principio de la novela decide el autor
que su personaje se está volviendo loco, ya que "con estas razones perdía
el pobre caballero el juicio", y al final, del "poco dormir y del mucho
leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio"
Cervantes decide a priori que su personaje va a ser loco, y loco por leer,
y por leer en una época y en un pueblo manchego en el que el hidalgo ha
conseguido, no se sabe como, una copiosa biblioteca. Parece que pensar
y leer ya estaban condenados entonces y han seguido siendo peligrosos.
Y parece que aún lo son. Esto va a condicionar la locura de Don Quijote,
ya que antes de realizar acciones "anormales" para su época. Y casi todos
los personajes que le traten le considerarán así, aunque a veces surge
la duda en algunos. Yo también la tengo, ya que no se analiza su locura,
que vendrá dada por sus acciones y por opinión de los demás, basados en
estas. Pero nuestro autor le quiere loco porque si no, quizá no podría
construir su personaje. Pero ¿quién es más loco?, ¿ el que lee o el que
destruye la lectura?
Nos encontramos rápidamente con una opinión de Alonso Quijano, que puede
ser clave para el posterior desarrollo de sus aventuras, sobre todo las
relativas a las lesiones que recibirá e infligirá, y que pueden condicionar
todas ellas y que le llevan al análisis y a la duda sobre sus lecturas
preferidas, ya que "ya que no estaba muy bien con las heridas que don
Belianís, daba y recibía, porque se imaginaba que, por grandes maestros
que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo
lleno de cicatrices y señales". Y cito esto porque los golpes, fracturas,
heridas y traumatismos que sufrirá el hidalgo son abundantísimos, irreales
y paralizantes, y, a veces, avergonzantes y crueles, como si don Miguel
quisiera ensañarse y ridiculizar a su personaje por medio de palizas castigadoras,
muchas de las cuales necesitarían hoy del ingreso hospitalario y serían
de pronóstico reservado cuando no grave.
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