CLAUDIO, EL EMPERADOR TONTO


por Dr. Bacterio
Ilustración: Victor Secades


Claudio era el hijo menor de Druso y Antonia, descendientes de Druso Nerón y Marco Antonio, respectivamente. Existen sospechas fundadas para creer que Livia, la esposa de Druso, mantuvo relaciones extramaritales con Octavio Augusto, fruto de las cuales nació Druso, el padre de Claudio. De ser ciertas estas suposiciones, Claudio sería nieto de Octavio Augusto y de Marco Antonio; en cualquier caso no hay antecedentes familiares en su árbol genealógico de taras genéticas.

El princeps nació en Lyon un primero de agosto, fue llamado Tiberio Claudio Druso, curiosamente Claudio en latín significa cojo, nombre que, como ahora veremos, estuvo muy acertado.

Su madre, Antonia, le llamaba “caricatura de hombre” y “aborto”, términos que hacen sospechar que su nacimiento fuera prematuro, en estos hechos se basó R. Graves, en su biografía novelada de Claudio, para afirmar que el emperador fue sietemesino.

Claudio padeció, a lo largo de toda su vida, tics asociados con el movimiento y con estados emocionales, lo cual motivaría que su familia tratara de evitar su presencia en actos públicos. Así mismo padeció una debilidad de ambos miembros inferiores, la cual obligaría a Claudio a leer sus informes ante el Senado sentado, y no de pie como era la costumbre de la época.

Su marcha era titubeante, con caídas frecuentes al más mínimo tropiezo, esto se debía, probablemente, a una contractura anormal de sus piernas. Padeció alteraciones de la locución, contractura de la musculatura peribucal que generaba una emisión continua de saliva y una risa espasmódica. Además el emperador padeció toda su vida hipoacusia, la cual se acentuaría durante sus últimos años.

Todos estos hechos pueden ser explicados por una paraplejía espástica de Littre, secundaria a un proceso anóxico intrauterino o durante el periparto, hay que recordar que su madre dio a luz en plena campaña contra los bárbaros.

A los 49 años, Claudio fue nombrado emperador, sustituyendo a su sobrino Calígula al frente del vasto imperio romano. El princeps se desposó en cuatro ocasiones: la primera con Plaucia Urgulanila, fruto de este matrimonio nacieron Druso y Claudia; la segunda con Aelia Patina, con la que tuvo Antonio; en ambos matrimonios los desposados llevaban una vida independiente y terminaron en divorcio.

Claudio se desposó en terceras nupcias con Mesalina, cuando el emperador contaba cincuenta años y su prometida, tan sólo, quince. Se trataba de una joven dotada de gran belleza y que pronto se hizo famosa por su impudor, mantuvo relaciones extramatrimoniales con multitud de súbditos del emperador. No conformándose con eso, ejerció la profesión más antigua de la humanidad en prostíbulos del barrio de la Suburra, llegando a competir en cierta ocasión con una prostituta de renombre, a la cual ganó, ya que Mesalina llegó a hacer el amor veinticinco veces en venticuatro horas sin duda una gran hazaña. Claudio acabó descubriendo las infedelidades de Mesalina y ordenó su ejecución.

Finalmente, Claudio se casó con su sobrina Agripina, la hermana de Calígula, la cual le envenenó con la ayuda de Jenofonte, el médico personal del princeps. Como vemos su vida fue un auténtico calvario, a pesar de ser em hombre más poderoso del Imperio Romano.

Claudio fue durante toda su vida un gran comedor y un gran bebedor, aquejado de numerosos problemas digestivos, hasta el punto de barajar suicidarse, en alguna ocasión, por no soportar sus “stomachi dolore”. Según los historiadores clásicos, el emperador se quejaba de calambres gástricos, que podían estar en relación con una pancreatitis crónica, secundaria a la ingesta desorbitada de bebidas alcohólicas, a patología ulcerosa o a dispepsia no ulcerosa. Las digestiones imperiales eran tan molestas que motivaron la publicación de un edicto imperial, que permitía a los comensales poder eructar durante las comidas, considerando que dicha acción era muy saludable.

Los excesos dietéticos le provocaron, al igual que en otros muchos reyes y emperadores, crisis gotosas (quamuis podagricus), que han sido documentadas por varios historiadores. Séneca la menciona en su Apocoloquintosis (13,3) cuando describe la marcha del emperador hacia los infiernos: “

...El camino está en pendiente el descenso es fácil, por eso, pese a su gota, llega en un instante a la puerta de Plutón...”.

Hay que recordar que Séneca fue el preceptor de Nerón, por lo que no es difícil que observara en alguna ocasión un ataque de podagra imperial.

DR. BACTERIO