Condorcet, de aristócrata a republicano

del Dr. Joaquín Aroca
 

 

 

En el triste periodo del terror de la Revolución Francesa, se enfrentan, fundamentalmente, dos facciones: Girondinos frente a Jacobinos, estos ayudados y jaleados por los miembros de la Montaña. Los primeros están formados por un grupo de intelectuales amigos del cambio y de la República, y enemigos de la Monarquía. Los Jacobinos luchan por los mismos fines, pero mientras los primeros desean una Revolución sin sangre, los segundos, la mayoría de ellos, hombres toscos de escasa preparación moral y primitivos sentimientos se encuentran agrupados alrededor de Robespierre, hábil e iluminado abogado, y apuestan por la guillotina como fiel colaboradora para conseguir sus fines. Como casi siempre ocurre, a corto plazo, la fuerza bruta se impone a la razón. Luego la historia de los pueblos va llevando las cosas a cauces más o menos razonables, y los verdugos se convierten en víctimas. Los que a guillotina matan, a guillotina mueren.
Esta es la historia de un buen hombre que luchó junto con otros para mejorar su sociedad y, a la larga, lo consiguieron pero a costa de sus propias vidas. Con el tiempo su razón se impuso a la sinrazón de los más violentos. Costó tiempo y sangre, para finalmente abrir la puerta que facilitó la entrada a unos modos y formas de hacer una política más razonable.

María Juan Antonio Caritat, marqués de Condorcet, tiene cuatro años cuando muere su padre en 1747. La viuda cuida de su hijo como si fuera una niña. Sus juguetes son las muñecas y sus vestidos de corte femenino. Cuando cumple once, su tío, don Jaime, se hace cargo de él. Don Jaime ha sido obispo, sucesivamente, de Gap, de Auxerre y de Lisieux, y quiere para su sobrino una excelente educación, de la cual se encarga, en un principio, el sacerdote jesuita Giraud de Réroudon. Después de estas primeras enseñanzas pasa al colegio de los jesuitas de Reims, y luego a París, al colegio de Navarra, también de jesuitas. Su inteligencia y su afán por el estudio, sobre todo de las matemáticas, le hacen sobresalir de los demás. A los 16 años sostuvo una tesis matemática en presencia de D`Alembert, de Clairaut y del geómetra Fontaine, que no sólo produjo la admiración de todos sino que desde entonces surgió una amistad entre Condorcet y D`Alembert que duró toda la vida. D`Alembert, tiene 26 años más que su discípulo, es hijo natural de la señora Tencin, que le abandonó al nacer, y fue confiado a la mujer de un pobre vidriero. Pero su precocidad como matemático le valió su ingreso en la Academia de Ciencias en 1741. Aunque Condorcet estaba destinado a las armas por tradición familiar, el contacto con D`Alembert cambió su destino.
No quisiera aburrir al lector con la lista de trabajos científicos, políticos y sociológicos que llevó a cabo el joven Caritat. Al final transcribo una lista de los más importantes. Sólo haré notar que su trayectoria profesional es tan interesante que llega a tener amistad con todos los hombres ilustres del momento. En 1770, profesor y alumno van a visitar a Voltaire a su residencia en Ferney. El genial escritor tiene 76 años. Su afabilidad, su cultura y su experiencia literaria, cautivan a nuestro biografiado, que sólo tiene 27, y despiertan en él sus aficiones literarias, dejando aparte sus vocaciones matemáticas.
Junto con estos amigos, estrecha su amistad con Turgot, hasta tal punto que cuando éste es nombrado ministro del rey Luis XVI, Condorcet es llamado para el cargo de Inspector General de la Moneda. Con la caída de Turgot, en 1776, nuestro hombre deja de intervenir en los asuntos de Estado.
En 1777, consigue el premio de la Academia de Berlín con su trabajo sobre la "Théorie des comètes". En 1782, la Academia le nombra uno de sus miembros. Su discurso de recepción, "Les avantages que la societé peut retirer de la reunion des sciences physiques aux sciences morales", descubre sus dotes de sociólogo y economista.
Algunos le llaman el "mouton enragé" (carnero furioso). D`Alembert, que le conocía más a fondo, le denomina el "volcán cubierto de nieve".
D`Alembert, muere en 1783, y Condorcet es nombrado albacea de su maestro y amigo. Se declara heredero de su espíritu e ideas, y reúne en torno suyo a todos aquellos que quedan huérfanos del maestro. Lidera un grupo de intelectuales que se autodefinen republicanos y enemigos políticos de la monarquía. En sus "Crónicas de París" salen a relucir sus rencores concentrados contra la corte. Combate el absolutismo y la desigualdad de clases, y da rienda suelta a sus ideas sobre la libertad civil y política para todos.
En 1786, concierta el matrimonio con Sofía de Grouchy, hermana del general Grouchy y sobrina del presidente Dupaty. Mujer de sólida instrucción y de gran belleza, tiene veintiún preciosos abriles cuando se casa con Condorcet. No se trata de un matrimonio por amor, y así se lo hace saber a su futuro esposo. Él comprende que la diferencia de edad no es el ideal para convivir apasionadamente, (él, 43; ella,21), trata la situación con el tacto que requiere y con la veteranía que da lo mucho vivido, y promete no forzar nada que ella no desee y tratarla como si fuera su hija. Sin embargo, pronto se vio subyugada por su esposo, mucho mayor que ella, porque debajo de la apariencia de un frío filósofo, se escondía un corazón ardiente lleno de pasión y de amor por su esposa, amén de por sus ideales, por los que luchó hasta su muerte.
En esta época trabaja en la biografía de Turgot, que había muerto en 1781 a los 54 años. Después, en 1787, se ocupó en publicar las obras completas de Voltaire, así como un estudio biográfico del mismo.
El primero de Octubre de 1791 es convocada la Asamblea Legislativa. París le nombra su diputado y, el 23 del mismo mes, su secretario.
Los revolucionarios extremistas atacan a todo lo que huele a nobleza. Condorcet presenta en la Asamblea un manifiesto por el que limita su actuación sólo a aquellos nobles emigrantes que sean sorprendidos con las armas en la mano.
El cinco de febrero de 1792 le conceden la presidencia de la Asamblea Legislativa. Condorcet es el primero en declararse por la institución republicana. Al negarse Luis XVI a sancionar los decretos contra los príncipes y los nobles, propone Condorcet la deposición del monarca por sólo este hecho que, según su dictamen, le convertía en reo ante la nación.
El 10 de agosto se suspenden las funciones ejecutivas del Rey, hasta que se dé a la Nación una nueva Constitución, y el 21 de septiembre de 1792, siete distritos eligen a Condorcet su representante en la Convención Nacional, en la cual se llega al acuerdo de abolir la Monarquía y proclamar la República. Al votar la sentencia contra el Rey, Condorcet es partidario de aplicar la pena máxima, excepto la pena de muerte. Las Cortes de San Petersburgo y de Berlín decretan que se borre el nombre de Condorcet de sus respectivas Academias, por su actitud en contra de la monarquía.
Condorcet es el encargado de elaborar la Constitución, junto con otros miembros. El trabajo se concluye el 25 de febrero de 1793, y es llevado a la Asamblea. Sus términos conciliatorios le delatan partidario de los girondinos con lo cual firmó, con ellos, su propia ruina.
En efecto, a raíz de su presentación, la Asamblea decretó el arresto de veintinueve girondinos.
El error político de los girondinos fue tratar de parar los asesinatos de los más exaltados revolucionarios. Por eso intentó poner fuera de la ley al sanguinario Marat, y aunque lo consiguió denunciando sus horrores, el populacho lo recuperó y lo llevó de nuevo en loor de multitud a sentarlo de nuevo en su escaño.
Igualmente atacaron a Robespierre, pero el abogado Robespierre supo defenderse con habilidad y demagogia, dejando a los girondinos en una difícil situación.
Quisieron salvar de la guillotina a Luis XVI, y la respuesta de la Convención ge ajusticiarlo el 21 de enero de 1793.
Intentaron lo mismo con Maria Luisa. El 16 de octubre, del mismo año. La guillotina fue la respuesta a esa defensa.
Todo intento de frenar la locura asesina de la Revolución era motivo de sospecha antirrevolucionaria y acusado de traición a la Patria.
Por eso los girondinos tenían que sucumbir al torbellino loco y cruel que se desató entre las turbas revolucionarias.
Fueron llevados ante el Tribunal Revolucionario, cuidadosamente formado por los mayores enemigos de los girondinos. Los acusados eran veintiuno, en plena entusiasta juventud y en todo esplendor de belleza y talento.
Sólo la declaración de sus nombres y edades resulta conmovedora.
Brissot, Gardien y Lasource, tenían 39 años. Vergniaud, Gensonné y Lehardy, 35. Mainvielle y Ducos, 28. Boyer-Fonfrède y Duchastel, 27. Duperret, 46. Carra, 50. Valazé y Lacase, 42. Duprat,33. Sillery, 57. Fauchet,59. Lesterpt-Beauvais, 43. Boileau, 41. Antiboul, 40. Vigée, 36.
El encargado de redactar el dictamen era el servil Amar, relator del comité de Salud pública general. Su dictamen fue el de declararlos culpables de conspiración contra la unidad e indivisibilidad de la República, fundándose solamente en rumores contradictorios propalados contra los girondinos por su enemigos.
El decreto acusatorio fue aprobado sin discusión. Su fallo: la muerte
De nada sirvieron los grandiosos discursos que aquellos hombres añadieron a su defensa pues los jacobinos, por boca de sus representantes: Chabot, Pache, Hébert y Caumette, recurriendo a las mentiras, a las medias verdades y a las más vergonzosas y viles insidias, consiguieron acallar las voces de los oradores más sublimes de los políticos más honestos de aquella recién nacida República.

Cada uno reaccionó de forma distinta al oír su sentencia. Gensonné, estaba tranquilo. Valazé, indignado y soberbio. El joven Ducos, alegre. Fonfrède, poseedor de una gran fortuna y recién casado con una hermosa mujer, se resignaba a abandonar la vida en aras de una causa tan hermosa.
El testigo acusador más encarnizado fue el que antes había sido capuchino y ahora furibundo revolucionario Chabot, enriquecido con la especulación de fondos públicos, exaltado, vengativo y vil. Los girondinos le habían tratado siempre como un ser raro y extravagante. Llegaba la hora de vengarse. Y lo hizo con repugnante regodeo. Se inventó una extensa y malvada acusación tachándoles sin ninguna prueba de traidores a la Patria, de ambiciosos, y lo más atroz aún, de ser cómplices de los asesinatos, que así son los desalmados de mente y corazón que se ceban en los hombres de bien.
Hubo más acusaciones perversas y mentirosas, y a su vez hubo contundentes defensas de los propios acusados. El más brillante y el más respetado por su luminosa elocuencia era el joven Vergniaud. En medio del vivo discurso en que se defendía de tanta vileza y tanto ultraje, recordó la tiranía y la locura furiosa de Marat. Al nombrar a este asesino, uno de los jurados se levantó y dijo:
-Vergniaud se queja de las persecuciones de Marat, pero observo que Marat ha sido asesinado y que Vergniaud todavía está aquí.
Esta estúpida y malévola observación fue aplaudida por la mayoría de la adocenada masa, y todo el maravilloso discurso lleno de franqueza y razón de Vergniaud no produjo el menor efecto en aquella ciega y necia muchedumbre.
Tras la interrupción y el jolgorio, Vergniaud esperó el silencio para seguir con su defensa. Al hablar de la conducta de sus amigos, de sus sacrificios y de su amor a la República, recobró toda su elocuencia, y todo el mundo allí reunido se conmovió.
Pero la condena estaba ya dispuesta.
Robespierre y sus amigos los jacobinos querían que el juicio terminase pronto. Robespierre promulga un decreto en el que limitaba al máximo de tres días el plazo para que el jurado, sin esperar a más, dictase sentencia.
Los acusados ya habían perdido toda esperanza y decidieron morir noblemente.
Condorcet protesta de este acto y culpa de ello a los jacobinos. Es citado a la barra, denunciado por Chabot. Al verse perdido decide no presentarse y se oculta. El 3 de Octubre se publica su sentencia de muerte, se le declara fuera de la ley, y se confiscan todos sus bienes.
Roland, alma y jefe de los girondinos, se había ocultado en las cercanías de Ruán, después del encarcelamiento de su esposa. Al enterarse de la ejecución de ésta no quiso sobrevivirle y se dio la muerte en la carretera. Le encontraron con el corazón atravesado por una espada al pie de un árbol en el que había apoyado el arma mortal.
Brissot, a quien la opinión jacobina le consideraba un colaborador importante de la facción por ser su publicista, evitó el arresto con su fuga. Disfrazado y con pasaporte falso trató de llegar a la frontera. Después de vagar varios días por los campos y solitarios bosques del Loira, comiendo y pernoctando en las cabañas, fue reconocido y arrestado en Moulins. De allí le condujeron a París, y fue encerrado en los calabozos de la Abadía. Después sería llevado, junto con sus compañeros, al Convento de las Carmelitas, convertido en cárcel siniestra tras las matanzas de septiembre.
El 30 de octubre, a media noche, los jurados se presentaron para pronunciar sentencia. Su presidente, Antonelle, tenía la cara desencajada. Camilo Desmoulins, mientras esperaba el fallo, exclamó:
-Yo les he matado con mi "Brissot descubierto". Me marcho.
Y salió desesperado y con los ojos humedecidos por el incipiente llanto.
Se refería Camilo a un artículo que había escrito contra los girondinos.
Mientras se esperaba la palabra fatal, Brissot dejó caer los brazos; su cabeza se inclinó súbitamente sobre su pecho; Gensonné, quiso decir algunas palabras sobre la aplicación de la ley, pero no se le hizo ningún caso.
Tenían la esperanza de que los dos jóvenes hermanos, Ducos y Fonfrède, se salvaran de la guillotina, pues eran los menos comprometidos, ya que se habían afiliado a los girondinos más por la admiración que sentían a su carácter y talento que por afinidad de ideas. Pero fueron condenados con los demás. Fonfrède, abrazando a Ducos, le dijo:
-Yo he sido el causante de tu muerte.
-Consuélate-contestó Ducos- moriremos juntos.
La última noche la pasaron en la Conserjería. Ninguno pudo dormir. Hablaron de todo, recordando sus trabajos en pro de la República. Añorando lo que dejaban y conformándose con su fatal destino.
-¡Creamos en lo que queremos - dijo Vergniaud-, pero muramos seguros de nuestra vida y del precio de nuestra muerte! ¡Demos cada cual en sacrificio lo que poseemos, unos su duda, otros su fe y toda nuestra sangre por la libertad! Cuando el hombre se ha dado como víctima a Dios, ya no le debe nada.
Vergniaud, que tenía un veneno, lo tiró para seguir la misma suerte que sus amigos.
Valazé quiso ser su propio verdugo y se clavó un puñal que llevaba escondido. El acero le atravesó el corazón muriendo a los pocos segundos. A pesar de ello subirían su cadáver a una de las cinco carretas que emplearon para conducirlos al patíbulo.
A las diez entraron los verdugos para rapar las cabezas de los condenados y atar sus manos. Todos fueron espontáneamente a inclinar sus frentes ante las tijeras y enseñar los brazos para ser anudados.
Gensonné cogió un mechón de sus negros cabellos y le suplicó al abate Lambert que se lo hiciese llegar a su esposa.
-Dile que es todo lo que puedo enviarle como recuerdo, pero que muero consagrándole todos mis pensamientos.
Cada uno de ellos tuvo algo que enviar a sus familiares, esposas o amantes. La esperanza de dejar un recuerdo al ser querido es el último eslabón que le queda al moribundo al abandonar la vida.
Por el camino iban cantando la marsellesa, marcando con enérgica rabia los versos:
"Contre nous de la tyrannie
L`étendard sanglant est levé"
Cuando llegaron al pie del cadalso se abrazaron, gritando: "¡Viva la República!"
Sillery fue el primero en probar el filo de la cuchilla, después de saludar al pueblo allí reunido con una reverencia llena de ironía. Vergniaud sería el último. Entre ambos sólo transcurrieron treinta y un minutos. En tan poco tiempo Francia perdió parte de su juventud llena de belleza, virtudes y talentos.
Ironías de la vida; fueron enterrados junto a la fosa de Luis XVI.
He aquí la nota del enterrador:
Por las fosas de veintiún diputados de la Gironda............147 francos gastos de exhumación...........................................................63 francos
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Total.......210 francos.
Este fue el precio de la tierra que cubrió a todo el partido de los fundadores de la República.
Mientras todo esto ocurría, Codorcet, que había conseguido escapar del asesinato y evadir a sus perseguidores, pudo esconderse en la casa de Mme. Vernet, en la calle Servandoni nº 21. Esta mujer, parienta de los dos pintores Vernet, tenía su casa abierta a estudiantes. Allí pasó ocho meses uno de los autores de la Constitución. En este tiempo escribió el "Compendio de un encuadre histórico del progreso del espíritu humano", la obra que más celebridad le ha dado como filósofo. Cada noche entregaba a su bienhechora las cuartillas que había escrito durante el día, para que fueran enviadas a su esposa. Sus páginas no son más que un esbozo de algo más extenso que proyectaba publicar, y que no pudo realizar. En su obra trata de demostrar que, a lo largo de la historia, el ser humano va progresando hacia su perfección. Y esto seguirá siendo en tanto en cuanto la naturaleza no mude su curso. Su perfección afecta a todos los órdenes, tanto moral como intelectual y físico. No se atreve a prometer a los hombres la inmortalidad, pero dice: "Ignoramos que se haya puesto a la vida término alguno más allá del cual no puede pasar". Desaparecerá la desigualdad entre los hombres y las naciones, se extinguirán los monopolios y acabarán los medios que dificultan el comercio y la industria. Reconoce las ventajas de los créditos a todas las clases sociales y la creación de las cajas de ahorros, de los seguros y de la instrucción universal y especial. Con todo esto desaparecerán y no tendrán razón de ser los vicios, que suelen nacer del malestar y de la ignorancia, y crecerá sin término la moralidad. A la perfección de los individuos seguirá la perfección social y la de toda la humanidad, realizándose la ley que la encamina por la verdad a la dicha y por ésta a la virtud.
En marzo de 1794, la Convención extiende su exterminio a aquellos que escondan en sus casas a los proscritos. Condorcet no quiere comprometer a la que tan generosamente le ha dado cobijo, y proyecta dejarlo. Una noche del cinco de abril, cuando todos los huéspedes duermen, sale de la casa disfrazado y se dirige a las afueras de París. El día seis camina errante por los bosques de Clamart, durmiendo a la intemperie. Al día siguiente, muerto de hambre y herido en una pierna, se acerca a un ventorrillo para comer algo. El ventero le pregunta qué desea tomar, y él contesta: una tortilla
-¿De cuantos huevos?
Condorcet, bien por el cansancio, por el hambre desmedida o por puro despiste, le contesta:
-de doce.
El ventero se fija en él, en su buen porte a pesar de su traje sucio y arrugado, y sospecha. En seguida hace partícipe de ésta a los perseguidores del fugitivo. Se le detiene y es trasladado a la cárcel de Bour-la-Reine y, al día siguiente, a París.
Al llegar la noche, Condorcet abre su anillo e ingiere el veneno que le había preparado el Dr. Cabanis, cuñado de su esposa. Cuando los carceleros abren su celda le encuentran muerto con todos los síntomas del envenenamiento.
He aquí la mayoría de sus obras: "Une profession de foi", "Essai sur le calcul intégral", "Sur le problème des trois corps", "Essai d`analyse", "Recherches de calcul intégral", "Eloges de quelques académiciens morts depuis 1666 jusqu`a 1669", "Eloges de Fontanella", "Lettre d`un theologien à l`auteur du dictionnaire des trois siècles", "Pensées du Pascal", varios artículos publicados en la "Encycoplédie", "Vie de Turgot", "Lettre d`un laboureur de la Picardie à M.Necker auteur prohibitif à Paris", en la que critica el libro de Necker sobre la legislación y comercio de los granos. "Lettres sur le commerce des grains", "Reflexions sur le commerce des blés", "Banque nationale", "Sur la fixation de l`impôt", "Impôt progresif". Con el pseudónimo de Schwartz, ecribió "Reflexions sur l`esclavage des négres", "Vie de Voltaire", "Lettres d`un bourgeois de Newhaven", "Lettres d`un citoyen des Etats-Unis á un français sur les affaires présentes", "Essai sur la constitution et les fonctions des assemblées provinciales", "Essais sur l`application de l`analyse à la probabilité des decisions rendues à la pluralité des voix", obra que tras su muerte apareció totalmente refundida y con múltiples adiciones con el título: "Eléments de calcul des probabilités et son application aux jeux de hasard à la loterie et aux jugements des hommes, avec un discours sur les avantages des mathématiques sociales, et une notice sur M. de Condorcet", "Lettres de M. Euler à une princesse d`Allemagne sur différentes questions de physique et de phylosophie", "Moyens d`apprendre à compter purement et avec facilité", "Le polonais exilé en Sibérie". Además colaboró asiduamente en la publicación de la "Bibliothèque de l`homme public", y en calidad de redactor escribió en el "Journal encyclopédique", en la "Cronique du mois", en el Republicain" y en el "Journal de l`instruction publique".
Todas sus obras fueron reunidas y publicadas por la viuda del autor y de su amigo el Dr.Cabanis, en 21 tomos, en París en 1804.

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Bibliografía:
-Diccionario de Espasa Calpe
-Historia de los Girondinos, de Alfonso de Lamartíne
-Historia de la Revolución Francesa, de A.Thiers