EL LEGADO ARTÍSTICO DE LA MIOPÍA

de la Dra. Sara Gutiérrez Torre
 Ilustraciones de Victor Secades

Conferencia de ingreso en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas.  

 

Otro artista de la época al que su corta vista orientó hacia la escultura es Auguste Rodin, cuya obra tiene un aire inacabado que no es casual y que le emparenta con los impresionistas. El poeta Paul Claudel, hermano de la escultora Camille Claudel, colaboradora de Rodin, e incluso autora de algunas de las obras durante un tiempo atribuidas al maestro, dejó testimonio escrito de lo miope que era el artista y de cómo trabajaba pegado a la escultura, al barro y al modelo. “Su escultura está hecha más con el tacto que con la vista”, escribió Claudel. Por otra parte, el también poeta Rainer María Rilke, que durante algún tiempo trabajó como secretario del escultor, aseguró que si Rodin llevó a cabo pocas composiciones monumentales fue debido a su dificultad para percibir efectos totales.

El poder pictórico del ojo miope fue objeto de al menos dos tesis doctorales defendidas a principios de siglo en universidades francesas. La primera, en la Facultad de Medicina de París en 1900, por el oftalmólogo Aron Polack, sostenía que la miopía débil es enormemente ventajosa para los pintores, y aseguraba que los que son emétropes o hipermétropes entrecierran los ojos intentando hacerse miopes de manera voluntaria para lograr una mejor perspectiva aérea. La segunda, cinco años más tarde, fue obra de Achille Colín, y abundaba en la tesis de que el ojo miope es el ideal para el dibujo y la pintura.

Cambiando de tercio, tengo que decir que si para dedicarse al arte de los pinceles es la miopía leve el estado de refracción idóneo, en el campo de las letras, las miopías magnas también nos han regalado grandes obras. Patrick Trevor-Roper, que estudió la relación entre miopía y creación literaria, asegura que lo más llamativo es “la influencia en la imaginería visual, ya que el miope (a no ser que lleve gafas constantemente), tiende a evitar describir detalles que están fuera de su distancia focal”. Para Trevor-Roper, el planteamiento filosófico del poeta romántico inglés John Keats, a quien muchos han etiquetado como corto de vista, “fue una racionalización de su propio defecto físico”. Keats era partidario de evitar descripciones detalladas, dejando espacio libre a la imaginación.

La influencia de la tara visual es también evidente en el trabajo de Alfred Tennyson, cuya miopía extrema es frecuentemente mencionada en las memorias de su hijo Hallam, quien también anotó que su padre tenía un oído extraordinariamente agudo, lo cual era, en su opinión, una suerte de compensación. Aunque Tennyson utilizaba ocasionalmente gafas, sus intereses poéticos se concentraban en objetos que él era capaz de ver de muy cerca y en el poder evocador de los sonidos; sus epítetos tienen a menudo una cualidad táctil (el “mar arrugado”, por ejemplo) que recuerda los poemas de ciegos.

Del médico, escritor y miope, Antón Pávlovich Chéjov dijo su paisano y contemporáneo Alexandr Ivanovich Kuprin que “no tenía una memoria exterior, mecánica. Me refiero -precisaba- a esa memoria de detalles que poseen en mayor grado las mujeres y los campesinos, quienes generalmente recuerdan bien cómo alguien estaba vestido, si tenía barba y bigote, cómo era la cadenita de su reloj, qué botas calzaba y de qué color eran sus cabellos. Para Chéjov estos detalles carecían de interés y de importancia”.

Hay quien escribe de una determinada manera porque es miope y hay quien, simplemente, escribe porque es miope. Gonzalo Torrente Ballester nos contó que la miopía había influido enormemente en su decisión de ser escritor. Una decisión que tomó a los 11 años, cuando se dio cuenta de que nunca podría ser marino ni militar, las profesiones de moda en su pueblo natal, El Ferrol. ¿Por qué? Por su miopía. A los 20 años, el escritor gallego tenía ya más de 20 dioptrías propias de una miopía progresiva congénita.

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