ELEGÍA AGAUDÍ

realizado por: Dr. Ricardo Hernández.


Arte antiguo, de viejos torreones,
arte que intenta huir de su pasado
hacia un destino de impulsos y de olvidos,
indagando nuevas situaciones,
rechazando mandatos anticuados,
buscando siempre belleza en su camino.
Vino Gaudí, con ansias de infinito,
y se inspiró, soñando nuevas trazas,
en ese modelo, a veces soslayado,
que la Naturaleza en toda luz alcanza.
Deja que copie, mecidos al viento,
altas palmeras, racimos y flores.
Pequeños seres raros, trepadores.
Tortugas, de lento pasar.
Deja que plasme en la piedra temblores
de copos cuajados de nieve, cayendo
en orla, formada sobre un Nacimiento
montado en el fondo del mar.
El fondo del mar… Tal vez la secreta
fuente de Gaudí para sus diseños.
Caracolas, retorcidas y esbeltas,
leves medusas de ingrávidos sueños,
corales de finos matices,
Anémonas, de cambiantes destellos….
Hondos misterios, de forma etéreas,
alma de las piedras que los fingen.
Soportes concretos que sueñan
sueños inconcretos, románticos y alegres.
Así brota, en los juegos del agua,
agua que ha trocado temblor por firmeza,
un mundo helicoidal y parabólico
de edificios sumergidos y agrestes,
de sirenas e hipocampos, simbólicos
de una Alántida nueva, que prefiere
no altos castillos, terrestres y lógicos,
sino nidos de pájaros celestes.
Aquellos nidos que mosén Verdaguer
mejor que palacios quiso poseer.
Es el agua espíritu que anima la materia
y nacen columnatas de los chorros.
Una catarata es puente en la piedra.
son pies derechos, quizá sólo árboles,
o agrestes soportes con formas colgantes,
o gigantes, o dedos, o piernas, o huesos,
que a veces parecen frágiles,
casi como un suspiro que se pierde en la nada.
Columnas inclinadas,
columnas espirituales,
columnas aisladas como torres,
columnas soportantes pero libres,
porque ignoran su carga o la disfrutan.
Bóvedas abiertas y onduladas,
arcos que son parábolas inmensas,
Grandes masas de piedra, colocadas
en gráciles apoyos sin defensa.
Un entramado cósmico, nacidos
de un tiempo y un espacio trascendidos
como un secreto oculto de la humanidad,
a veces olvidado, pero dispuesto a regresar.
La maginitud de toda una galaxia,
soportada en una delicada mensa.
Volutas que aparentan buscar nuevas formas,
arabescos que parece que intentan volar.
Orfebreria en piedra horadando la eternidad.
Repletos de figuras los maineles.
Cimbras de fe, en lugar de botareles.
Sobre un soporte de nubes
columnas de caramelo, de lapislázuli y lava,
de mármol o de destellos de luz, reflejos de agua.
De nuevo columnas, protagonismas columnas,
que a veces parecen las patas
de un insecto gigantesco.
Columnas esqueleto, puente y arquitrabe,
cimentando un jardín que es cornisa y es friso.
Columnas de diamante.
Columnas que le dan descanso al cielo
desde su apoyo en la tierra, la nube, el mar o la esperanza.
Un gran artista imagina y padece.
Crea y sufre, argamasa de vida,
transido por un arte, en el que existe,
desdeñando la muerte, mera teoría.
La piedra en sus manos es arcilla
y carne, que gime, con unción y respeto,
palabras de oración y poesía.
Frases que se convierten en muros.
figuras que son iguales que letras
de un lenguaje de arte. Misterio y armonía.
Todas juntas conforman un mensaje
que alumbra e ilumina profecías.
Eterna gloria
por dos veces,
como hombre bueno y genio universal,
Antonio Gaudí Cornet inmortal,
te mereces.
En Memoria.
*

(En este poema se han intentado imitar los diferentes cuerpos de una estructura arquitectónica, rematada por una cruz).

Ricardo Hernández. 1964 - Modificado 2000.