GOYA, UN PINTOR ENFERMO

realizado por el Dr. Bacterio
ilustrado por Victor Secades.

El genial pintor aragonés nacido en 1746 en Fuendetodos, es una de las cumbres indiscutibles de la pintura española de todos los tiempos. 
El comienzo de la enfermedad del pintor se produce cuando el pintor contaba 46 años, coincidiendo con un viaje que realiza a Cádiz, en una carta suya, fechada el 17 de enero del año 1793, se puede leer:

“... he estado dos meses en cama con dolores cólicos...”

En marzo de ese año Sebastián Martínez escribe a Zapater:

“... que nuestro Goya sigue con lentitud, aunque algo repuesto. Tengo confianza en la estación y que los baños de Trillo que tomara a su tiempo lo restablezcan. El ruido en la cabeza y la sordera en nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio...”.

Así pues, Goya padeció una enfermedad caracterizada por dolores cólicos abdominales, hipoacusia, vértigos, acúfenos y alteraciones de la visión, síntomas que mejoraron transitoriamente cuando el pintor abandonó su trabajo. 

Zapater se permite realizar un juicio de valor acerca de la enfermedad del pintor:

“... a Goya le ha pasado esto por su poca reflexión y hay que compadecerle con toda la compasión que exige su desgracia...”

Algunos estudiosos de su patobiografía, entre ellos el Dr. Sánchez Rivera, han querido leer entre líneas estas aseveraciones y asociarlas con la clínica del pintor y con el, nada irrelevante, hecho de que los 20 hijos que el pintor tuvo con Josefa Bayeu se murieran de muerte prematura, estableciendo la hipótesis de que el pintor padecía una enfermedad venérea (sífilis) que le afectó al sistema nervioso central (neurosífilis).

Otros autores, como el Dr. Niederland y la Dra. Rodríguez Torres, han achacado la sintomatología descrita a una encefalopatía saturnina, la cual permite explicar la progresiva afectación de la función del sistema nervioso central y los cólicos abdominales.
El pintor ingirió el plomo, responsable de la enfermedad, a través de dos vías, por una parte inhalaba grandes emaciaciones de carbonato de plomo debido a que gustaba de pintar por la noche en una estancia pequeña y mal ventilada, durante largas horas, a la luz de las velas. Además es sabido que el pintor tenía por costumbre sujetar los pinceles entre sus dientes e ingería los alimentos sin lavarse previamente las manos, favoreciendo el consumo crónico de plomo.
Además, ningún otro pintor de su época utilizó tanto la pintura blanca en sus composiciones, la cual estaba compuesta del referido carbonato de plomo.

En contra de esta teoría, el célebre psiquiatra Vallejo-Nágera argumenta que su moledor habitual, Pedro Gómez, ejerció la profesión durante treinta y seis años y no llegó a padecer el saturnismo, lo cual hace difícil que Goya sufriera la citada enfermedad. Este célebre humanista apunta como primera posibilidad el padecimiento de un trastorno psiquiátrico, concretamente de una esquizofrenia, patología que permitiría explicar la etapa de las pinturas negras.

Más recientemente han surgido otras teorías que han tratado de explicar los síntomas a través del síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada, caracterizado por uveítis, sordera, vitíligo, alopecia y meningismo.

En 1810 el pintor estuvo a punto de morir, pero llegó a superar la enfermedad gracias a la ayuda del Dr. García Arrieta, en agradecimiento Goya pintó en 1820 uno de sus cuadros más expresivos (“Goya atendido por Arrieta”), al pie del lienzo se puede leer: 

“Goya agradecido, a su amigo Arrieta: por el acierto y esmero con que le salvó la vida en su aguda y peligrosa enfermedad padecida a finales de 1810, a sus 73 años”.

El 16 de abril de 1828 Goya fallecía en Burdeos, víctima de una accidente cerebrovascular.