|
Johann
Sebastian Bach nació en Einsenach en 1865, en el seno de una familia de
músicos. Curiosamente su apellido significa “arroyo”, esta
fue la razón por la que Beethoven le denominó “el océano de la música
alemana”.
Es uno de los máximos exponentes de la música de todos los tiempos, su
producción toco prácticamente todos los géneros, a excepción de la ópera.
Se desposó en dos ocasiones y tuvo la friolera cifra de veinte hijos,
lo cual no le impidió tener una agitada vida profesional, itinerante por
las diversas cortes europeas.
Durante toda su vida disfrutó de una salud envidiable, a partir de la
séptima década de la vida comenzaron los achaques, el compositor aquejaba
trastornos visuales que se agravaron durante la década siguiente.
De forma concomitante comenzó a sufrir una terrible cefalea, de predominio
parietal, lo cual pone en tela de juicio el diagnóstico aceptado por la
mayoría de los galenos, las cataratas, apoyando la existencia de arteritis
de la temporal.
A comienzos de 1750, un galeno inglés, John Taylor, enterado de la disminución
de la agudeza visual de Bach se desplaza hasta Leipzig ofreciendo su destreza
con el bisturí al organista alemán.
Taylor había estudiado medicina con el egregio profesor Boerhaave, posteriormente
se había especializado en enfermedades oftalmológicas.
Taylor le operó en dos ocasiones, produciendo inicialmente una mejoría
temporal, hasta el punto que esta gesta apareció publicada en la Hoja
Oficial de Berlín, en la que se ensalzaba las virtudes del galeno inglés,
al tiempo que los ciudadanos de Leipizg establecían una deuda insalvable
con Taylor.
Desgraciadamente, Bach no sólo no mejoró, sino que las múltiples incisiones
que el galeno inglés realizó en el ojo, así como los múltiples ungüentos
que aplicó, provocaron una oftalmitis crónica que desembocaron en una
ceguera absoluta. Su muerte acaeció pocas semanas después, el 28 de julio
de 1750.
No deja de ser curioso que en el curriculum vitae del doctor Taylor figuren
la ceguera yatrogénica de dos de los grandes hitos de la música clásica:
Bach y Händel.
|