| Un fuerte carácter. Pasión
por el trabajo. Amplia cultura, a la que hay que añadir el profundo
conocimiento de las lenguas clásicas, sobre todo del griego,
y unas circunstancias artísticas muy favorables, son los mimbres
con los que se tejen el espíritu y la personalidad de Ricardo
Guillermo Wagner.
Poner en escena una obra de Wagner precisaba de un esfuerzo económico
cuantioso. Wagner no tenía dinero pero poseía algo más
poderoso: su voluntad y el entusiasmo por aquellas ideas que bullían
dentro de su mente y que deseaba realizar costase lo que costase.
Su vasta y genial obra pronto provocó una actitud bivalente dentro
de la sociedad que le tocò vivir. Los wagneristas, entregados
por completo a su defensa, y los antiwagneristas, furibundos enemigos
dispuestos a silbar y a patear en todas las representaciones de sus
obras. Aún hoy, existen ambos bandos, pero sin la acritud de
anteriores épocas. Simplemente, unos se limitan a escuchar y
ver sus obras, y los otros a ignorarlas. Rara vez en la historia de
la música, un autor ha provocado tan agria controversia. Hasta
los propios músicos encargados de interpretar sus partituras
se negaban a ello por considerar imposible su ejecución.
La música de Wagner, como todas, pero en este caso mucho más,
hay que escucharla y pensarla. Es preciso penetrar en la orquestación,
sentir la entrada de cada instrumento, vivir cómo se aleja una
trompeta-bajo, mientras da entrada poco a poco a un conjunto de violines,
vibrar ante la subida progresiva de los timbales y tambores hasta llegar
a un máximo que llega a producir al que lo oye el escalofrío
de lo grandioso. Así es como hay que escuchar su música
para amar y entender su grandeza. Así la entienden los wagneristas.
Fuera de esta profunda atención su música no suele gustar.
En ese campo se encuentran los antiwagneristas. Las obras de Beethoven,
de Mozart, de Vivaldi...podemos oírlas distraídos, y gustarnos;
las de Wagner, no. Su música requiere el esfuerzo de la concentración.
Entonces es cuando comprendemos la grandeza de su obra.
Nace este coloso de la música en Leipzig el 22 de mayo de 1813
bajo el signo zodíaco de Tauro, símbolo de la voluntad
férrea. Un "Tauro" nunca abandona. Sus fracasos son,
a su vez, sus acicates.
Sus antepasados, hasta la segunda generación, fueron humildes
maestros de escuela y organistas de pequeñas localidades rurales.
Era el benjamín de los nueve hijos que tuvo el matrimonio de
Carlos Federico Guillermo Wagner y su esposa, Juana Rosina Paetz. Al
ser el pequeño, tuvo que aprender de las virtudes y de los defectos
de sus hermanos. Las vivencias de los mayores a menudo forjan, en parte,
el temple y el espíritu de los que vienen después.
D. Carlos Federico m
uere en 1814. Su viuda se casa un año más tarde con el
íntimo amigo de su marido, el pintor y artista dramático
D. Luis Geyer, que se convierte en el segundo padre de Ricardo, el cual
inculcó al niño el amor al arte y al teatro, ocupándose
de que tuviera una esmerada educación.
Ese mismo año en que fallece su padre, la familia se traslada
a Dresde. Allí vive el futuro genio rodeado del ambiente artístico,
no sólo de D. Luis, que está dedicado por entero al teatro,
sino también de sus hermanos, Alberto, Luis, Rosalía y
Clara, que son cantantes y actrices, ya consagrados y que indudablemente
van a influir en la imaginación de su alma inquieta.
Wagner tiene nueve años cuando muere su padrastro y tutor. Doña
Juana envía a su hijo a la Kreuzschule, colegio clásico
de Dresde, donde el niño se va a distinguir por el estudio de
las lenguas antiguas, llegando a dominar el griego hasta el punto que
llega a ser el alumno predilecto del profesor, asombrado de que su pupilo,
con sólo trece años, llegue a traducir en poco tiempo
los doce primeros cantos de la Odisea, además de escribir con
notable corrección un poema griego que fue premiado y publicado
a costa de dicha Institución. También se atreve a esbozar
una tragedia con 42 personajes, un tanto truculenta, pero en la que
ya se vislumbra la capacidad creadora de su autor. Aunque ya teclea
en el piano dos sencillas piezas de Weber, amigo y músico favorito
de la familia, su interés por la música aparecerá
algo más tarde, al escuchar profundamente embelesado las sinfonías
y la Obertura de "Egmont" de Beethoven. Su entusiasmo fué
tal que en ese instante juró ser músico por encima de
todo.
Comienza sus estudios con el profesor Gottlieb Müller. Su impaciencia,
con sólo los rudimentos de la teoría musical, le lleva
a componer un cuarteto, una sonata y un aria. A Müller no le gustan
las impetuosidades de su discípulo, al que considera un poco
loco, y sin más, le expulsa de la Academia.
Busca otro maestro, y lo encuentra en el sabio teórico Teodoro
Weinlig, con el que comienza a recibir lecciones de contrapunto y de
armonía. Las clases duran solamente seis meses, lo suficiente
para que Wagner componga una Sonata en cuatro tiempos, una Polonesa
para piano a cuatro manos y una Fantasía. Estudia a fondo todas
las obras instrumentales de Beethoven, Mozart y Weber, las cuales las
copia para él en partituras, y las analiza minuciosamente.
A lo largo de su vida compuso quince obras dramáticas, diecisiete
obras orquestales y corales, once melodías para canto con acompañamiento
de piano, más de diecisiete arreglos, e infinidad de trabajos
literarios coleccionados en diez tomos. Sólo hablaremos de las
más significativas a lo largo de esta biografía.
La "Sinfonía en do", la compone con 19 años.
Pocos meses después estrena "Escena y Arieta" en el
Teatro Real de Leipzig, con gran éxito. En este tiempo empieza
a componer los primeros compases de la ópera "Las Bodas".
La partitura, de 36 páginas, la regaló a la Sociedad Filarmónica
de Wurzburgo.
En 1833, cumplidos los veinte años, comienza su carrera como
músico profesional. Es su hermano mayor, Alberto, el que le ayuda
a conseguir su primer trabajo como maestro de coros, con el insignificante
sueldo de 10 florines mensuales. La retribución es escasa, pero
la enseñanza práctica que consigue en ese ambiente es
soberbia. Cuando su trabajo se lo permitía se encerraba a escribir
la letra y la música de la ópera en tres actos de "Las
hadas", la cual no se pudo representar en vida del autor, porque
el original se encontraba en posesión de su protector, el rey
Luis II de Baviera al ocurrir la trágica muerte de éste,
cuando se ahogó en el lago de Starnberg. La obra se pudo estrenar
cinco años después del fallecimiento de Wagner, en junio
de 1888, en la ciudad de Münich.
En la primavera de 1834, llega a Leipzig una gran belleza y una gran
cantante: Guillermina Schroeder-Devrient. Entre cantante y músico
surge una amistad, y quizás un amor, no sabemos si platónico
o carnal. Wagner recibe de la bella alemana, además de cariño,
útiles y prácticos consejos sobre la técnica del
canto y la declamación lírica.
Su situación profesional mejora cuando es nombrado director de
música del Teatro Municipal de Magdeburgo, para el que escribe
su segunda ópera: "La prohibición de amar".
Se estrena en 1836. En esta época, ya sin apuros económicos
decide casarse con la actriz Minna Planner, cuatro años mayor
que él. Las relaciones amorosas de la pareja y los preparativos
de la boda fueron las principales causas para que Wagner descuidara
la preparación de la obra, que sin los ensayos suficientes, se
estrenó con precipitación por lo que el resultado no tuvo
el éxito que de ella se esperaba. Se disolvió la compañía
de ópera y Wagner se ve en la necesidad de aceptar el puesto
de Musikdirector del Teatro Municipal de Königsberg, y como las
desgracias nunca vienen solas se clausura antes de que termine el año
por quiebra de la Empresa.
La situación económica del reciente matrimonio se va deteriorando,
y menos mal que en otoño de 1837, cumplidos los veinticuatro
años, Wagner consigue el puesto de Kapellmeister en el recién
inaugurado Teatro de Riga. Compagina su puesto con conciertos para los
abonados a los que ofrece obras de su cosecha como son "Kolumbus"
y "Rule Britannia", que tienen una excelente acogida de crítica
y de público. Además, después de leer la novela
histórica de Bulwer Lytton, titulada "Rienzi", se lanza
a la redacción del libreto, así como a su composición
musical, cuya partitura empieza a escribir en 1838. Esta tarea le lleva
a abandonar en parte sus obligaciones como Kapellmeister, y en 1839,
se encuentra de nuevo sin trabajo.
Ante esta situación decide partir a París con su esposa.
Son los tiempos más difíciles para el artista. Sin conocer
bien el idioma, sin grandes conocimientos del país, sin estar
apenas relacionado con los autores parisinos, sin apoyo y sin valedores,
se ve obligado a ganarse el sustento con arreglos para piano de las
óperas que estaban en boga, a escribir romanzas más o
menos cursis y a redactar artículos para la prensa, utilizando
el pseudónimo de Wilhem Drach.
Tiempo de pobreza material pero de enriquecimiento artístico
y cultural. El contacto con los autores franceses y las circunstancias
que rodean el ambiente intelectual de París, aumentan su conocimiento
teórico y práctico, sobre todo en el estudio de las óperas
y de las obras teatrales y sinfónicas que hacían furor
en la capital. Es la época más interesante del músico.
Compone una Obertura para el Fausto de Goethe, acaba la partitura de
"Rienzi" y termina el libreto y la partitura de "El buque
fantasma".
Cuando no hay harina todo es mohína, las discusiones entre el
matrimonio se hacen cada vez más ásperas, y deciden volver
a Alemania. Para reunir el dinero necesario para el viaje, el maestro
se ve obligado a intensificar sus arreglos para piano, y no siendo suficientes
sus ingresos, no tiene más remedio que vender por unos pocos
francos el libreto de "El buque fantasma" a la Ópera
de París, .
Ya tenemos a nuestro hombre en Dresde, donde estrena su "Rienzi"
el 20 de Octubre de 1842, Éxito tan clamoroso que inicia la justa
celebridad que se merece. Poco después llega otro triunfo: el
2 de enero de 1843 se estrena en el mismo Teatro Real de Dresde "El
buque fantasma". La obertura de esta obra es a juicio de muchos
la síntesis musical más emocionante y completa que pueda
concebirse y realizarse a pesar de sus dificultades de interpretación.
"En esta admirable sinfonía se halla condensado todo el
doloroso drama del Judío Errante del Océano, al que Dios
condenó a eterna lucha con las tempestades y furias del mar por
haberle negado y escarnecido durante una tormenta, y que sólo
podrá ser redimido por el amor y el sacrificio de una mujer que
de él se apiade". Aquí se encuentran concentradas
todas las armas del original compositor, mal comprendidas por unos y
adoradas por otros; y aquí es donde aparece la lucha de los antiwagneristas
y los wagneristas, que se prolongaría cada vez con mayor encono
hasta el triunfo final del autor de la "Tetralogía".
Quizás lo que más enfadó a una gran parte del auditorio
fue que la tiple no tiene más que un solo, y breve (la Balada),
desprovista de sucesión de notas de adorno, suspendiendo momentáneamente
el compás, sin trinos ni vocalizaciones ni otras florituras vocales,
lo nunca visto, y que supone una innovación de una audacia sólo
imaginable en el genio creador de Wagner.
En 1843 es nombrado Kapellmeister, esta vez del Teatro Real de Dresde.
Su actividad en esta época es formidable. No sólo dirige
la orquesta con los ensayos y puestas en escena de numerosas óperas,
sino que termina "Tannhauser", la "Marcha fúnebre
en memoria de Weber", cuyos restos se condujeron en 1844 desde
Londres a Dresde; esboza los poemas de "Lohengrrin", el de
los "Maestros Cantores" y el del "Anillo de los Nibelungos".
El 19 de octubre de 1845 consigue estrenar "Tannhauser" en
el Teatro Real de Dresde, con regular éxito, y con encendidas
discusiones en toda la prensa alemana, todavía más enconadas
si cabe, cuando años después se estrenó en París
(1861).
Es probable que su postura política en la revolución de
1848 y su participación en los sucesos ocurridos en Dresde en
1849 influyera posteriormente en las enfrentadas críticas a su
obra.
Perseguido por la policía, se vió obligado a refugiarse
en Weimar, en casa de su amigo Liszt, para pasar luego a París,
y finalmente a Zurich, donde permaneció varios años.
El 28 de agosto de 1850, y patrocinado con gran entusiasmo por Liszt,
estrena en Weimar la partitura de "Lohengrin", cosechando
un nuevo fiasco, a pesar de que su amiga y admiradora la duquesa María
Paulovna, compró la casi totalidad del aforo, para repartir las
entradas entre sus muchos amigos.
Las relaciones entre él y su esposa continúan deteriorándose,
ahora mucho más por los últimos fracasos. La bella Minna
Planner no sólo es incapaz de comprender al genial compositor,
sino que le recrimina la pérdida de tiempo que supone el que
insista en componer y estrenar obras que van de mal en peor. Se impone
la separación entre ambos, que durará hasta la muerte
de la actriz a sus 57 años, en 1866.
Wagner no se abate por los últimos acontecimientos. Se consagra
por entero a su trabajo, sobre todo en ultimar su futura obra maestra,
la "Tetralogía": "El anillo del Nibelungo"
con sus cuatro partes "El oro del Rhin", "La Walkyria",
"Sigfrido" y "El ocaso de los dioses"
En 1852, un año después de la ruptura con Minna, Wagner
conoce en casa de unos amigos de Zurich, al matrimonio Wesendonk. Él
es un rico comerciante recientemente establecido en esta ciudad. Matilde,
su esposa, es una preciosa mujer de veinticuatro años, amante
de la música, excelente cantante, buena pianista y algo aburrida
de su marido. Wagner es un hombre apasionado de treinta y nueve años,
reconocido en el mundo del arte y que lleva bastante tiempo distanciado
de su mujer. Circunstancias todas ellas para que ocurriera lo que tenía
que ocurrir: un amor apasionado entre ambos, que duró más
de un lustro, y durante el cual se escribieron las páginas más
inspiradas de la partitura de "Tristán".
Bien porque el marido de la guapa Matilde se enterara del licencioso
idilio, bien por decisión de los propios amantes en un arranque
de moralidad, el caso es que decidieron separarse, y Wagner marcha a
Venecia donde acaba el segundo acto de "Tristán".
Durante la representación de "Tannhauser" en París,
y a pesar del apoyo del emperador, la oposición del patrido antiwagnerista
fue tan dura que no pasó de la tercera puesta en escena. Al menos,
en el plano político y personal, tiene la satisfacción
de beneficiarse de una amnistía que le permite regresar a Alemania.
Se retira a Biebrich, a orillas del Rhin, donde se ocupa de componer
"Los Maestros Cantores". Al poco tiempo es llamado por Luis
II de Baviera que le invita a establecerse en Münich, en una mansión
que le regala a orillas del lago Starnberg. Allí puede realizar
todos sus proyectos gracias a la protección del recién
nombrado rey, que acabaría loco y recluido en castillo de Berg,
para terminar suicidándose por el procedimiento de sumergirse
en las aguas del lago, cerca de la mansión que un día
regalara al compositor.
El decidido apoyo que Wagner recibe del nuevo y joven monarca genera
una envidia malsana en sus enemigos, lo que acarrea una serie de intrigas
y maledicencias que impiden el estreno de "Tristán e Isolda",
que estaba ya preparado, y que hubo que retrasarse hasta el 10 de julio
de 1865, con un inmejorable repertorio bajo la dirección del
gran Bülow. En el libreto se puede adivinar la influencia del filósofo
Schopenhauer, leído por el músico en su destierro en Suiza.
En lo orquestal es capaz de producir las emociones más intensas.
En diciembre de ese mismo año, y a pesar de su éxito,
o precisamente por eso, Wagner se ve obligado a abandonar Münich
acosado por el odio de sus recalcitrantes envidiosos.
Se establece en Triebschen, cerca de Lucerna. En esta ciudad se casa
con Cósima Liszt, hija del gran músico, y recientemente
divorciada de Hans de Bülow. De este matrimonio nació un
hijo al que pusieron de nombre Sigfrido, y para celebrar su nacimiento
compuso Wagner una exquisita sinfonía: "Idilio de Sigfrido".
Pero en 1872 es llamado de nuevo por Luis II. Se establece en Bayreuth
al noreste de Baviera. En este tranquilo y apacible retiro suizo se
produce el trabajo más fecundo del autor. En este mismo año
se pone la primera piedra del Teatro, el famoso Festspielhaus, con la
numerosa concurrencia de los amigos de la música wagneriana,
y como fin de fiesta se ejecutó la "Novena Sinfonía"
de Beethoven por una orquesta compuesta por los mejores y más
eminentes artistas. Los fondos para su construcción salieron
de los bolsillos de la Asociaciones Wagnerianas, y en agosto de 1876,
se pudieron ejecutar, en una sala provisional del Teatro, las tres primeras
representaciones del ciclo "El anillo del Nibelungo", en presencia
del emperador Guillermo, del rey Luis II y de una nutrida Asamblea de
artistas de todas las naciones.
En el invierno del año 1897, sufre una fuerte recaída
de la erisipela que lleva padeciendo desde hace tiempo. Esta vez los
síntomas se presentan con una actividad tan preocupante que Wagner
decide viajar a Palermo en busca de un clima más cálido
que le alivie sus molestias. En esta ciudad da los últimos retoques
a la instrumentación de "Parsifal", el cual se estrena
en Bayreuth el 26 de julio de 1882 . Su éxito es tan grandioso
que llega a las dieciseis representaciones consecutivas. Pero la salud
de este gigante de la música se resiente de tal forma que decide
retirarse a Venecia, donde alquila el palacio de Vendramin con la intención
de recuperar su salud en medio de una vida tranquila, con la compañía
de su esposa y de Liszt. Sin embargo no sabe prescindir del trabajo
y continúa colaborando en la revista "Bayreuther Blatter",
con crónicas y artículos, y planeando nuevas composiciones.
Entre el otoño y el invierno de 1882 la arteriosclerosis que
padece el maestro se agudiza penosamente, y el trece de febrero del
siguiente año un derrame cerebral acaba con su vida. Sus restos
son traladados a Bayreuth y enterrados en el jardín de la Villa
Wahnfried, donde había construído su hogar y donde encontró
los años más felices de su vida y el triunfo de sus ideales.
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