WAGNER

del Dr. Joaquín Aroca
 

 

 

Un fuerte carácter. Pasión por el trabajo. Amplia cultura, a la que hay que añadir el profundo conocimiento de las lenguas clásicas, sobre todo del griego, y unas circunstancias artísticas muy favorables, son los mimbres con los que se tejen el espíritu y la personalidad de Ricardo Guillermo Wagner.
Poner en escena una obra de Wagner precisaba de un esfuerzo económico cuantioso. Wagner no tenía dinero pero poseía algo más poderoso: su voluntad y el entusiasmo por aquellas ideas que bullían dentro de su mente y que deseaba realizar costase lo que costase.
Su vasta y genial obra pronto provocó una actitud bivalente dentro de la sociedad que le tocò vivir. Los wagneristas, entregados por completo a su defensa, y los antiwagneristas, furibundos enemigos dispuestos a silbar y a patear en todas las representaciones de sus obras. Aún hoy, existen ambos bandos, pero sin la acritud de anteriores épocas. Simplemente, unos se limitan a escuchar y ver sus obras, y los otros a ignorarlas. Rara vez en la historia de la música, un autor ha provocado tan agria controversia. Hasta los propios músicos encargados de interpretar sus partituras se negaban a ello por considerar imposible su ejecución.
La música de Wagner, como todas, pero en este caso mucho más, hay que escucharla y pensarla. Es preciso penetrar en la orquestación, sentir la entrada de cada instrumento, vivir cómo se aleja una trompeta-bajo, mientras da entrada poco a poco a un conjunto de violines, vibrar ante la subida progresiva de los timbales y tambores hasta llegar a un máximo que llega a producir al que lo oye el escalofrío de lo grandioso. Así es como hay que escuchar su música para amar y entender su grandeza. Así la entienden los wagneristas. Fuera de esta profunda atención su música no suele gustar. En ese campo se encuentran los antiwagneristas. Las obras de Beethoven, de Mozart, de Vivaldi...podemos oírlas distraídos, y gustarnos; las de Wagner, no. Su música requiere el esfuerzo de la concentración. Entonces es cuando comprendemos la grandeza de su obra.

Nace este coloso de la música en Leipzig el 22 de mayo de 1813 bajo el signo zodíaco de Tauro, símbolo de la voluntad férrea. Un "Tauro" nunca abandona. Sus fracasos son, a su vez, sus acicates.

Sus antepasados, hasta la segunda generación, fueron humildes maestros de escuela y organistas de pequeñas localidades rurales. Era el benjamín de los nueve hijos que tuvo el matrimonio de Carlos Federico Guillermo Wagner y su esposa, Juana Rosina Paetz. Al ser el pequeño, tuvo que aprender de las virtudes y de los defectos de sus hermanos. Las vivencias de los mayores a menudo forjan, en parte, el temple y el espíritu de los que vienen después.
D. Carlos Federico m
uere en 1814. Su viuda se casa un año más tarde con el íntimo amigo de su marido, el pintor y artista dramático D. Luis Geyer, que se convierte en el segundo padre de Ricardo, el cual inculcó al niño el amor al arte y al teatro, ocupándose de que tuviera una esmerada educación.
Ese mismo año en que fallece su padre, la familia se traslada a Dresde. Allí vive el futuro genio rodeado del ambiente artístico, no sólo de D. Luis, que está dedicado por entero al teatro, sino también de sus hermanos, Alberto, Luis, Rosalía y Clara, que son cantantes y actrices, ya consagrados y que indudablemente van a influir en la imaginación de su alma inquieta.
Wagner tiene nueve años cuando muere su padrastro y tutor. Doña Juana envía a su hijo a la Kreuzschule, colegio clásico de Dresde, donde el niño se va a distinguir por el estudio de las lenguas antiguas, llegando a dominar el griego hasta el punto que llega a ser el alumno predilecto del profesor, asombrado de que su pupilo, con sólo trece años, llegue a traducir en poco tiempo los doce primeros cantos de la Odisea, además de escribir con notable corrección un poema griego que fue premiado y publicado a costa de dicha Institución. También se atreve a esbozar una tragedia con 42 personajes, un tanto truculenta, pero en la que ya se vislumbra la capacidad creadora de su autor. Aunque ya teclea en el piano dos sencillas piezas de Weber, amigo y músico favorito de la familia, su interés por la música aparecerá algo más tarde, al escuchar profundamente embelesado las sinfonías y la Obertura de "Egmont" de Beethoven. Su entusiasmo fué tal que en ese instante juró ser músico por encima de todo.
Comienza sus estudios con el profesor Gottlieb Müller. Su impaciencia, con sólo los rudimentos de la teoría musical, le lleva a componer un cuarteto, una sonata y un aria. A Müller no le gustan las impetuosidades de su discípulo, al que considera un poco loco, y sin más, le expulsa de la Academia.
Busca otro maestro, y lo encuentra en el sabio teórico Teodoro Weinlig, con el que comienza a recibir lecciones de contrapunto y de armonía. Las clases duran solamente seis meses, lo suficiente para que Wagner componga una Sonata en cuatro tiempos, una Polonesa para piano a cuatro manos y una Fantasía. Estudia a fondo todas las obras instrumentales de Beethoven, Mozart y Weber, las cuales las copia para él en partituras, y las analiza minuciosamente.
A lo largo de su vida compuso quince obras dramáticas, diecisiete obras orquestales y corales, once melodías para canto con acompañamiento de piano, más de diecisiete arreglos, e infinidad de trabajos literarios coleccionados en diez tomos. Sólo hablaremos de las más significativas a lo largo de esta biografía.
La "Sinfonía en do", la compone con 19 años. Pocos meses después estrena "Escena y Arieta" en el Teatro Real de Leipzig, con gran éxito. En este tiempo empieza a componer los primeros compases de la ópera "Las Bodas". La partitura, de 36 páginas, la regaló a la Sociedad Filarmónica de Wurzburgo.
En 1833, cumplidos los veinte años, comienza su carrera como músico profesional. Es su hermano mayor, Alberto, el que le ayuda a conseguir su primer trabajo como maestro de coros, con el insignificante sueldo de 10 florines mensuales. La retribución es escasa, pero la enseñanza práctica que consigue en ese ambiente es soberbia. Cuando su trabajo se lo permitía se encerraba a escribir la letra y la música de la ópera en tres actos de "Las hadas", la cual no se pudo representar en vida del autor, porque el original se encontraba en posesión de su protector, el rey Luis II de Baviera al ocurrir la trágica muerte de éste, cuando se ahogó en el lago de Starnberg. La obra se pudo estrenar cinco años después del fallecimiento de Wagner, en junio de 1888, en la ciudad de Münich.
En la primavera de 1834, llega a Leipzig una gran belleza y una gran cantante: Guillermina Schroeder-Devrient. Entre cantante y músico surge una amistad, y quizás un amor, no sabemos si platónico o carnal. Wagner recibe de la bella alemana, además de cariño, útiles y prácticos consejos sobre la técnica del canto y la declamación lírica.
Su situación profesional mejora cuando es nombrado director de música del Teatro Municipal de Magdeburgo, para el que escribe su segunda ópera: "La prohibición de amar". Se estrena en 1836. En esta época, ya sin apuros económicos decide casarse con la actriz Minna Planner, cuatro años mayor que él. Las relaciones amorosas de la pareja y los preparativos de la boda fueron las principales causas para que Wagner descuidara la preparación de la obra, que sin los ensayos suficientes, se estrenó con precipitación por lo que el resultado no tuvo el éxito que de ella se esperaba. Se disolvió la compañía de ópera y Wagner se ve en la necesidad de aceptar el puesto de Musikdirector del Teatro Municipal de Königsberg, y como las desgracias nunca vienen solas se clausura antes de que termine el año por quiebra de la Empresa.
La situación económica del reciente matrimonio se va deteriorando, y menos mal que en otoño de 1837, cumplidos los veinticuatro años, Wagner consigue el puesto de Kapellmeister en el recién inaugurado Teatro de Riga. Compagina su puesto con conciertos para los abonados a los que ofrece obras de su cosecha como son "Kolumbus" y "Rule Britannia", que tienen una excelente acogida de crítica y de público. Además, después de leer la novela histórica de Bulwer Lytton, titulada "Rienzi", se lanza a la redacción del libreto, así como a su composición musical, cuya partitura empieza a escribir en 1838. Esta tarea le lleva a abandonar en parte sus obligaciones como Kapellmeister, y en 1839, se encuentra de nuevo sin trabajo.
Ante esta situación decide partir a París con su esposa. Son los tiempos más difíciles para el artista. Sin conocer bien el idioma, sin grandes conocimientos del país, sin estar apenas relacionado con los autores parisinos, sin apoyo y sin valedores, se ve obligado a ganarse el sustento con arreglos para piano de las óperas que estaban en boga, a escribir romanzas más o menos cursis y a redactar artículos para la prensa, utilizando el pseudónimo de Wilhem Drach.
Tiempo de pobreza material pero de enriquecimiento artístico y cultural. El contacto con los autores franceses y las circunstancias que rodean el ambiente intelectual de París, aumentan su conocimiento teórico y práctico, sobre todo en el estudio de las óperas y de las obras teatrales y sinfónicas que hacían furor en la capital. Es la época más interesante del músico. Compone una Obertura para el Fausto de Goethe, acaba la partitura de "Rienzi" y termina el libreto y la partitura de "El buque fantasma".
Cuando no hay harina todo es mohína, las discusiones entre el matrimonio se hacen cada vez más ásperas, y deciden volver a Alemania. Para reunir el dinero necesario para el viaje, el maestro se ve obligado a intensificar sus arreglos para piano, y no siendo suficientes sus ingresos, no tiene más remedio que vender por unos pocos francos el libreto de "El buque fantasma" a la Ópera de París, .
Ya tenemos a nuestro hombre en Dresde, donde estrena su "Rienzi" el 20 de Octubre de 1842, Éxito tan clamoroso que inicia la justa celebridad que se merece. Poco después llega otro triunfo: el 2 de enero de 1843 se estrena en el mismo Teatro Real de Dresde "El buque fantasma". La obertura de esta obra es a juicio de muchos la síntesis musical más emocionante y completa que pueda concebirse y realizarse a pesar de sus dificultades de interpretación. "En esta admirable sinfonía se halla condensado todo el doloroso drama del Judío Errante del Océano, al que Dios condenó a eterna lucha con las tempestades y furias del mar por haberle negado y escarnecido durante una tormenta, y que sólo podrá ser redimido por el amor y el sacrificio de una mujer que de él se apiade". Aquí se encuentran concentradas todas las armas del original compositor, mal comprendidas por unos y adoradas por otros; y aquí es donde aparece la lucha de los antiwagneristas y los wagneristas, que se prolongaría cada vez con mayor encono hasta el triunfo final del autor de la "Tetralogía". Quizás lo que más enfadó a una gran parte del auditorio fue que la tiple no tiene más que un solo, y breve (la Balada), desprovista de sucesión de notas de adorno, suspendiendo momentáneamente el compás, sin trinos ni vocalizaciones ni otras florituras vocales, lo nunca visto, y que supone una innovación de una audacia sólo imaginable en el genio creador de Wagner.
En 1843 es nombrado Kapellmeister, esta vez del Teatro Real de Dresde. Su actividad en esta época es formidable. No sólo dirige la orquesta con los ensayos y puestas en escena de numerosas óperas, sino que termina "Tannhauser", la "Marcha fúnebre en memoria de Weber", cuyos restos se condujeron en 1844 desde Londres a Dresde; esboza los poemas de "Lohengrrin", el de los "Maestros Cantores" y el del "Anillo de los Nibelungos".
El 19 de octubre de 1845 consigue estrenar "Tannhauser" en el Teatro Real de Dresde, con regular éxito, y con encendidas discusiones en toda la prensa alemana, todavía más enconadas si cabe, cuando años después se estrenó en París (1861).
Es probable que su postura política en la revolución de 1848 y su participación en los sucesos ocurridos en Dresde en 1849 influyera posteriormente en las enfrentadas críticas a su obra.
Perseguido por la policía, se vió obligado a refugiarse en Weimar, en casa de su amigo Liszt, para pasar luego a París, y finalmente a Zurich, donde permaneció varios años.
El 28 de agosto de 1850, y patrocinado con gran entusiasmo por Liszt, estrena en Weimar la partitura de "Lohengrin", cosechando un nuevo fiasco, a pesar de que su amiga y admiradora la duquesa María Paulovna, compró la casi totalidad del aforo, para repartir las entradas entre sus muchos amigos.
Las relaciones entre él y su esposa continúan deteriorándose, ahora mucho más por los últimos fracasos. La bella Minna Planner no sólo es incapaz de comprender al genial compositor, sino que le recrimina la pérdida de tiempo que supone el que insista en componer y estrenar obras que van de mal en peor. Se impone la separación entre ambos, que durará hasta la muerte de la actriz a sus 57 años, en 1866.
Wagner no se abate por los últimos acontecimientos. Se consagra por entero a su trabajo, sobre todo en ultimar su futura obra maestra, la "Tetralogía": "El anillo del Nibelungo" con sus cuatro partes "El oro del Rhin", "La Walkyria", "Sigfrido" y "El ocaso de los dioses"
En 1852, un año después de la ruptura con Minna, Wagner conoce en casa de unos amigos de Zurich, al matrimonio Wesendonk. Él es un rico comerciante recientemente establecido en esta ciudad. Matilde, su esposa, es una preciosa mujer de veinticuatro años, amante de la música, excelente cantante, buena pianista y algo aburrida de su marido. Wagner es un hombre apasionado de treinta y nueve años, reconocido en el mundo del arte y que lleva bastante tiempo distanciado de su mujer. Circunstancias todas ellas para que ocurriera lo que tenía que ocurrir: un amor apasionado entre ambos, que duró más de un lustro, y durante el cual se escribieron las páginas más inspiradas de la partitura de "Tristán".
Bien porque el marido de la guapa Matilde se enterara del licencioso idilio, bien por decisión de los propios amantes en un arranque de moralidad, el caso es que decidieron separarse, y Wagner marcha a Venecia donde acaba el segundo acto de "Tristán".
Durante la representación de "Tannhauser" en París, y a pesar del apoyo del emperador, la oposición del patrido antiwagnerista fue tan dura que no pasó de la tercera puesta en escena. Al menos, en el plano político y personal, tiene la satisfacción de beneficiarse de una amnistía que le permite regresar a Alemania.
Se retira a Biebrich, a orillas del Rhin, donde se ocupa de componer "Los Maestros Cantores". Al poco tiempo es llamado por Luis II de Baviera que le invita a establecerse en Münich, en una mansión que le regala a orillas del lago Starnberg. Allí puede realizar todos sus proyectos gracias a la protección del recién nombrado rey, que acabaría loco y recluido en castillo de Berg, para terminar suicidándose por el procedimiento de sumergirse en las aguas del lago, cerca de la mansión que un día regalara al compositor.
El decidido apoyo que Wagner recibe del nuevo y joven monarca genera una envidia malsana en sus enemigos, lo que acarrea una serie de intrigas y maledicencias que impiden el estreno de "Tristán e Isolda", que estaba ya preparado, y que hubo que retrasarse hasta el 10 de julio de 1865, con un inmejorable repertorio bajo la dirección del gran Bülow. En el libreto se puede adivinar la influencia del filósofo Schopenhauer, leído por el músico en su destierro en Suiza. En lo orquestal es capaz de producir las emociones más intensas.
En diciembre de ese mismo año, y a pesar de su éxito, o precisamente por eso, Wagner se ve obligado a abandonar Münich acosado por el odio de sus recalcitrantes envidiosos.
Se establece en Triebschen, cerca de Lucerna. En esta ciudad se casa con Cósima Liszt, hija del gran músico, y recientemente divorciada de Hans de Bülow. De este matrimonio nació un hijo al que pusieron de nombre Sigfrido, y para celebrar su nacimiento compuso Wagner una exquisita sinfonía: "Idilio de Sigfrido".
Pero en 1872 es llamado de nuevo por Luis II. Se establece en Bayreuth al noreste de Baviera. En este tranquilo y apacible retiro suizo se produce el trabajo más fecundo del autor. En este mismo año se pone la primera piedra del Teatro, el famoso Festspielhaus, con la numerosa concurrencia de los amigos de la música wagneriana, y como fin de fiesta se ejecutó la "Novena Sinfonía" de Beethoven por una orquesta compuesta por los mejores y más eminentes artistas. Los fondos para su construcción salieron de los bolsillos de la Asociaciones Wagnerianas, y en agosto de 1876, se pudieron ejecutar, en una sala provisional del Teatro, las tres primeras representaciones del ciclo "El anillo del Nibelungo", en presencia del emperador Guillermo, del rey Luis II y de una nutrida Asamblea de artistas de todas las naciones.
En el invierno del año 1897, sufre una fuerte recaída de la erisipela que lleva padeciendo desde hace tiempo. Esta vez los síntomas se presentan con una actividad tan preocupante que Wagner decide viajar a Palermo en busca de un clima más cálido que le alivie sus molestias. En esta ciudad da los últimos retoques a la instrumentación de "Parsifal", el cual se estrena en Bayreuth el 26 de julio de 1882 . Su éxito es tan grandioso que llega a las dieciseis representaciones consecutivas. Pero la salud de este gigante de la música se resiente de tal forma que decide retirarse a Venecia, donde alquila el palacio de Vendramin con la intención de recuperar su salud en medio de una vida tranquila, con la compañía de su esposa y de Liszt. Sin embargo no sabe prescindir del trabajo y continúa colaborando en la revista "Bayreuther Blatter", con crónicas y artículos, y planeando nuevas composiciones.
Entre el otoño y el invierno de 1882 la arteriosclerosis que padece el maestro se agudiza penosamente, y el trece de febrero del siguiente año un derrame cerebral acaba con su vida. Sus restos son traladados a Bayreuth y enterrados en el jardín de la Villa Wahnfried, donde había construído su hogar y donde encontró los años más felices de su vida y el triunfo de sus ideales.